
Romper el círculo: una voz contra la violencia ecuatoriana
Hay escenas que no necesitan grandes discursos para mostrarlo todo. Ryle cocina, se distrae con Lily, el horno empieza a arder. Toma la bandeja con las manos desnudas, se quema, la suelta. Lily se acerca y él, en un arranque de rabia, le da un manotazo. Luego pide perdón, dice que fue un accidente. Pero el hematoma en su pómulo y en su ojo cuentan otra historia. Una historia conocida, repetida, normalizada.
Romper el círculo deja claro que el trauma puede convertir la violencia en costumbre. Y, bajo esa misma lógica, la justicia se vuelve condicional: muchas mujeres que denuncian terminan retirando el proceso, presionadas por la dependencia emocional, económica o por el simple terror que no cesa.
La paradoja no es solo cinematográfica. Es ecuatoriana. Vivimos en un país donde existen normas que supuestamente protegen a las mujeres, pero la realidad es otra: un Estado que retrocede, que flexibiliza compromisos, que responde menos de lo que debería. La normalización de la violencia no solo afecta a las víctimas, también va moldeando instituciones que se acomodan al ciclo que, justamente, deberían romper.
Mientras Lily intenta fracturar su propio patrón, en Ecuador miles de mujeres siguen atrapadas en otro: el de la indiferencia estatal. Este 2025 lo confirmó. Primero, la reducción del 23% del presupuesto del Ministerio de la Mujer, luego, la fusión de la entidad con el Ministerio de Gobierno, un mensaje político inequívoco.
Entre el 1 de enero y el 15 de noviembre de 2025, 349 feminicidios fueron registrados en el país: el número más alto de nuestra historia reciente. Una mujer o niña asesinada cada 22 horas. No es solo un dato: es un síntoma.
Por eso, esta película no es un elogio a la valentía individual. Es un recordatorio brutal de algo más incómodo: de nada sirve que una mujer decida liberarse si el Estado no es capaz de sostener su decisión.
Geraldina Guerra, de ALDEA, lo resume con lucidez: “Hemos retrocedido 30 años. Ahora tenemos que volver a pelear por lo básico: que los derechos de las mujeres sean una prioridad”. No hay servicios suficientes, los que existen sobreviven como pueden, y el sistema de protección está al borde del colapso.
Romper el círculo no debería ser un acto heroico solitario. Debería ser una responsabilidad compartida. Pero mientras las instituciones se sigan debilitando, la valentía seguirá recayendo, una vez más, únicamente en las mujeres.
Información del autor
Brian Josué Valencia Arcos es abogado con formación en argumentación, escritura y oralidad jurídica. Su trabajo se enfoca en el fortalecimiento de la comunicación académica en el ámbito del derecho, la investigación interdisciplinaria y la gestión de proyectos jurídicos y educativos. Ha tenido cargos relevantes tales como:
- Ejecutivo de Gestión, Fundador y Extutor del Centro de Escritura, Oralidad Jurídica y Argumentación (CEOJA) de la Universidad de las Américas (UDLA).
- Coordinador General del Colegio Internacional de Estudios Jurídicos de Excelencia Ejecutiva (CIDEJ).
- Cursa la Maestría en Derecho Procesal Constitucional en la Universidad Casa Grande.
Sus redes sociales son:
- Instagram: @bvbrianvalencia
- Facebook: Brian Valencia


